
Todo fue, como todo, una casualidad. Buscaba unas clases de baile flamenco en Madrid. Un poco más arriba de mi misma calle oí zapatear en un estudio, entré a preguntar y allí mismo me interceptó Toni el Pelao. Me presentó a su mujer, La Uchi, y quedé matriculada y 'adoptada'. Había leído sobre esa mítica saga de bailaores, Los Pelaos, pero desconocía, como tantos aficionados al flamenco y a la danza, que su legado continuaba vivo. Y fue tal mi impresión al comprobarlo con mis propios ojos en el Tablao Torres Bermejas, que decidí que había que correr la voz. No sólo era su arte, sino también su prodigiosa memoria... que ahora tengo encomendado recoger. Cada rato compartido con ellos es una página que se abre de una historia aún por escribir. Cinco años después, estoy tranquila. Ya el flamenco de hoy va saldando su deuda con estos maestros del baile flamenco y de la autenticidad vital. Actuaron en el Festival de Jerez 2007, en el Festival Flamenco de Cáceres 2007 y por fin en los
Jueves Flamencos de Sevilla 2008, ciudad capital para este arte que no los recibía desde 1984. Y tenía la obligación de rectificar, al igual que todos tenemos la obligación de salvaguardar el arte y las personas que lo hacen digno y posible... antes de que sea tarde.