"There is also scepticism about whether Spain’s marketing campaign can really do much to change stereotypes of bullfighting and flamenco". Esa es la ligera conclusión que extrae la prestigiosa revista
The Economist sobre la misión comercial Made in/Made by Spain realizada en Nueva York a principios de 2009, con intención de alentar a las empresas españolas a participar activamente en el plan de reactivación económica estadounidense. Y me pregunto por qué el análisis ha de atacar al flamenco, asociándolo irreflexivamente a un estereotipo negativo para el desarrollo de este país. Cuando resulta que el flamenco es la única manifestación musical específica de España con capacidad para evolucionar, para generar negocio y para ser exportada. De hecho, así es desde que naciera hace al menos dos siglos. Animo a los expertos de The Economist a analizar al flamenco, por ejemplo, como marca comercial; resulta ejemplar. No alcanzo a entender por qué no se aprecia ya al flamenco (nacional e internacionalmente) como un fenómeno cultural merecedor de un trato tan digno como el que tiene el jazz de Estados Unidos. Empiezo a pensar que el prejuicio es hacia lo español en general.